Detrás de las relaciones entre Irán y Bolivia

En el 2007 el Presidente iraní Ahmadinejad se juntó con Evo Morales en La Paz donde establecieron el comienzo de una cooperación industrial, comercial y de asistencia técnica entre los dos Países,de $1.1 billones hasta el 2012. El acuerdo se enfocaba principalmente en la exploración y producción de la reserva de hidrocarburos, con la colaboración entre la YPFB y la Iranian Oil Company a través de la creación de joint-venture enterprises así como con el establecimiento de centrales petroquímicas para la producción de gas natural. Al mismo tiempo el acuerdo instaba al desarrollo deenergía nuclear para objetivos pacíficos,cuando el Irán se encontraba bajo las sanciones internacionales por su programa nuclear.

En noviembre 2009 Ahmadinejad invirtió 1,2 millones de dólares en el primer hospital iraní (Red Crescent Society) en Bolivia, situado en El Alto y, en Octubre 2010, Evo Morales selló acuerdos con Irán que trajeron una sucursal de la Export Development Bank of Irán (EDBI) en Bolivia y permitieron la creación de un banco multinacional con la participación de capital público y privado por los dos Países. Además, Irán ofreció una línea de crédito de $278 millones por 16 años con una tasa de interés anual fijo al 2.7%.

En el noviembre 2010 el gobierno boliviano empezó a considerar la adquisición de helicópteros por Irán, entre cuales:el FAJR-3 y el S-68 de cuatro asientos, y el Iran-140 de 52 asientos. Cabe destacar que la presencia iraní en Bolivia se ha profundizado también en lo que concierne el aspecto diplomático, en cuanto el 2012 la embajada iraní en La Paz llegó a tener 145 diplomáticos acreditados, mientras España sólo 10.

Es evidente la dificultad en encontrar puntos en común entre un gobierno socialista indígena y una teocracia Islámica, así como la posibilidad de generar comercio en ausencia de medios de transportes y comunicaciones. Tampoco es claro como un sistema de cooperación técnica podría ser establecido entre culturas, lenguas y sistemas productivos tan diferentes como aquellos de Bolivia e Irán. Incluso por lo que concierne al petróleo, sería más racional buscar el apoyo de la brasileña Petrobras o de la venezolana PDVSA que de una empresa iraní.

Lo que luce primariamente es que la relación es un acto político en contra de Estados Unidos. Segundariamente, el Irán parece fuertemente interesado al Salar de Uyuni, el último y al mismo tiempo el mayor descubrimiento en el “Triangulo de litio”: 16,000millas cuadradas que se extienden sobre norte Argentina, Chile y Bolivia del sur, donde el 75-90 % estimado de los depósitos líderes mundiales de litio estásituado.

Chile y Argentina actualmente cuentan con más de 27,400 toneladas métricas de producción anual de litio, equivalente a la de medio mundo. Bolivia posee aproximadamente el 70 % del litio mundial y así debería ser capaz de suministrar el mercado internacional durante los próximos 500 años y reducir la confianza mundial en los mermados combustibles fósiles.

En consecuencia, en febrero el Gobierno boliviano invirtió 250 millones de dólares de los 900 millones programados para desarrollar una industria planificada de litio, y aquí reentra el papel iraní. Considerado que Bolivia no puede explotar su litio sin la inversión y la experiencia extranjera, el Irán se ha hecho promovedor y proveedor de tal tecnología gracias a la progresiva confianza ganada con el gobierno boliviano desde el 2007, a través de inmisiones económicas siempre más frecuentes y una presencia siempre más profunda en el país.

El objetivo último iraní parece apuntar a las reservas bolivianas de litio, donde hasta ahora la República Islámica se encuentra como óptimo financiador del sector y al mismo tiempo fuerte aliado político del País, no obstante el levantamiento de las sanciones y el nuevo papel a nivel regional e internacional detenido (que ya no puede estar en contra de los EE.UU.)


AUTORE

Massimo Pascarella. Laureato in “Scienze politiche e relazioni internazionali”, possiede un Master in “Analisi d’intelligence e conflittualità non convenzionale”. Collabora con il quotidiano nazionale boliviano “El Deber” e con vari Think Tanks italiani occupandosi dei conflitti e dei cambiamenti di potere nel Vicino Oriente e dell’analisi dei gruppi jihadisti.